La Canción de la Ventana.
El Señor Glim se mudó a una casa grande. Era vieja. Era muy tranquila. Al Señor Glim le gustaba la tranquilidad. Le gustaban las habitaciones grandes y tranquilas. Le gustaba el piso de madera viejo.
Un día, el Señor Glim escuchó un sonido. Era un sonido suave. Como música. Como una cajita de música pequeña que tocaba una melodía. Él no conocía esta melodía. El sonido venía de arriba. Venía de una ventana. Una habitación vacía estaba allí. Él subió. Caminó despacio. El sonido era claro ahora. ¡Tin-tin-tin!
Abrió la puerta de la habitación vacía. Miró alrededor. La habitación estaba vacía. No había cajita de música. No había juguete pequeño. La ventana estaba cerrada. No vio nada extraño. El sonido paró. El Señor Glim se sintió un poco extraño. Sintió aire frío. Cerró la puerta.
Más tarde esa noche, el Señor Glim escuchó el sonido otra vez. ¡Tin-tin-tin! Era más fuerte ahora. Venía de la misma ventana. En la habitación vacía. Fue a la ventana. Miró hacia arriba. La vio.
Una muñeca pequeña estaba sentada en la repisa de la ventana. Dentro del cristal. Su vestido era viejo y blanco. Su pelo era oscuro. Sus ojos eran grandes y negros. Su cara era como papel viejo. El Señor Glim no la puso allí. No la vio antes. Se quedó quieto. El sonido sonaba. Venía de la muñeca.
Fue a la habitación otra vez. Abrió la puerta. La muñeca no estaba allí. La ventana todavía estaba cerrada. No había muñeca. No había sonido. El Señor Glim sintió su corazón latir rápido. Sintió un gran miedo. Salió rápidamente de la habitación.
Pasaron los días. El sonido venía a menudo. Siempre de la ventana. Siempre la misma musiquita. A veces era suave. A veces era fuerte. El Señor Glim sabía que era la muñeca. Sabía que estaba en la ventana. Pero cuando iba a revisar, nunca estaba allí. Dejó de revisar. Tenía mucho miedo. Se quedó en su habitación. Mantenía su puerta cerrada.
Una noche muy oscura, el sonido era muy, muy fuerte. No era una melodía suave ahora. Era rápida. ¡Tin-tin-TIN! Sonaba enojada. El Señor Glim no pudo quedarse en su cama. Sintió que debía ir. Caminó despacio hacia la habitación. El sonido llenaba la casa.
Se paró en la puerta. Miró dentro de la habitación. La muñeca estaba allí. Estaba sentada en la repisa de la ventana. Su vestido viejo y blanco estaba roto. Su pelo oscuro estaba desordenado. Sus ojos grandes y negros miraban al Señor Glim. Su boca pequeña estaba abierta. Parecía que quería hablar. El sonido era muy fuerte. Pero no venía de la boca de la muñeca. Venía de la ventana misma. La ventana estaba cerrada.
El Señor Glim no podía moverse. Solo miraba a la muñeca. La muñeca lo miraba de vuelta. Sus ojos eran como hoyos negros y profundos. El sonido sonaba y sonaba. Tenía mucho, mucho frío. Sintió un gran terror. Sabía que no estaba solo. La casa no estaba tranquila más.
Se quedó allí. Mirando. El sonido sonaba. Siempre.
Fin.